Hoy, la selección Colombia cerró un ciclo con una victoria 3 a 1 frente a Costa Rica, pero no podemos dejar de mencionar que el estado de la cancha fue muy deficiente. Si bien el partido se disputó en Bogotá, cuando tradicionalmente se juega en Barranquilla (Por arreglos del estadio metropolitano, no se jugó allí), la superficie no estuvo a la altura. James Rodríguez incluso criticó abiertamente las condiciones del campo, lo que pudo afectar el ritmo del juego.
Más allá de eso, el equipo cerró filas y logró la victoria. Fue un partido simbólico, donde estuvieron los 26 convocados al Mundial. A pesar de la alegría del resultado, debo ser muy autocrítico: no veo al equipo aún en la élite. Jugadores como Mina, Castaño u Ospina no me dan la confianza que se requiere en este nivel y por ejemplo otros que se quedaron en el camino como por ejemplo Villa.
Aun así, hay destellos de esperanza. Luis Suárez, con su gran temporada en Portugal, brilló, y Luis Díaz, como capitán, fue determinante. Él asumió el liderazgo, pero la pregunta es si estas figuras pueden bastar. Si hacemos una autocrítica, aún falta definir un estilo de juego. Es clave que el equipo se una como colectivo, porque si no, cada partido será un desafío enorme y esta travesía al Mundial se complicará más de lo esperado. Seamos honestos, Colombia necesita jugadores nuevos que le den un aire a la selección, no está en el top 10 como los favoritos a llevarse el mundial
En definitiva, lo que vimos hoy es solo un paso en un camino largo. Quedan aún semanas para pulir detalles y para que el equipo logre una cohesión que le permita competir. Si el cuerpo técnico trabaja en eso, y si los jugadores se adaptan a la idea, quizás aún podamos soñar con dar la sorpresa. Todo dependerá de la capacidad de la selección para superar estas pruebas y no depender solo de figuras.

