El arranque de pretemporada de Millonarios ha dejado una lectura mucho más compleja de lo que podría parecer a simple vista. Si bien los resultados deportivos no fueron favorables en el primer encuentro frente a River Plate —derrota 1-0 en Uruguay—, lo que realmente quedó en evidencia fueron las dudas tácticas y la necesidad de ajustes urgentes de cara al semestre.
En el debut ante River Plate, se vio a un equipo poco agresivo en ataque, con escasas llegadas y sin una idea ofensiva definida. La apuesta de Hernán Torres con una línea de cinco defensores no sólo sorprendió, sino que también terminó siendo improductiva: el equipo se mostró lento para progresar, con muchos balones largos y sin profundidad, y sin conectar con claridad entre mediocampo y delanteros.
El gol de River llegó desde la pena máxima, transformada por Gonzalo Montiel, reflejo de un partido donde Millonarios nunca logró imponerse ni crear verdadera amenaza constante. Esa propuesta dejó sensación de equipo crudo y falto de ritmo, algo comprensible en esta fase de preparación, pero que exige respuestas rápidas si el semestre será competitivo.
A pesar de ello, no todo fue negativo. Los refuerzos dieron pistas valiosas de lo que pueden aportar. Jugadores como Mateo García —autor de una participación destacada en Montevideo— mostraron actitud, despliegue y capacidad de lucha, incluso en un contexto donde el resto del equipo se vio desdibujado. Ese tipo de rendimientos invita a pensar que algunas piezas sí tienen el potencial para marcar diferencia cuando el engranaje colectivo esté en mejor sintonía.
El segundo amistoso, contra Boca Juniors en La Bombonera por la Copa Miguel Ángel Russo, fue otra historia. Millonarios se mostró más equilibrado, sólido y preparado para competir el balón y los tiempos del juego. El empate 0-0 ante uno de los gigantes sudamericanos —en un contexto emocional cargado por el homenaje al maestro Miguel Ángel Russo, fallecido en 2025— dejó una imagen más digna y dignificante del elenco embajador.
En ese duelo, la diferencia la marcó la seguridad defensiva, la contundencia en la línea media y el trabajo intenso en bloque. Dentro de ese contexto, Rodrigo Ureña ofreció un rendimiento aguerrido y con presencia en cada disputa, aportando un perfil de liderazgo que hacía falta en el mediocampo; ese tipo de rendimiento refuerza la idea de que Millonarios está construyendo una base más competitiva en el centro del campo.
El extremo Julián Ángulo fue otro de los que brilló, sobre todo en el primer tiempo, mostrando desborde, profundidad y chispa por banda —una variable de ataque de la que Millonarios careció en el primer amistoso—. Es cierto que fue menos explosivo en la segunda mitad —probablemente por la carga física del trabajo de preparación— pero su propuesta fue clara y prometedora.
En el arco, la dupla defensiva respondió con solvencia. Guillermo De Amores, así como Diego Novoa en el partido ante River, dejaron muestras de frescura y personalidad. Ambos atajaron penales en cada compromiso —algo nada menor en una pretemporada con escasa efectividad ofensiva— y demostraron que, bajo presión, tienen herramientas para sostener el arco.
Quizás uno de los momentos que más ilusionó de esta gira fue el ingreso de Radamel Falcao García en La Bombonera. Su retorno después de seis meses sin acción competitiva fue emotivo y simbólico. Aunque su rendimiento físico evidenció la falta de ritmo, su calidad técnica y lectura de juego estuvieron presentes, lo que da esperanzas de que pueda ser un factor trascendente cuando alcance mayor continuidad. Cabe recordar que Falcao arrastra una suspensión oficial que deberá cumplir, lo que añade un elemento de paciencia y gestión inteligente por parte del cuerpo técnico antes de verlo en plena competencia oficial.
También debutó Rodrigo Contreras, el nuevo delantero argentino que llega para aportar presencia ofensiva. Su primer vistazo con la camiseta azul fue interesante: movimientos inteligentes, bajada de juego para asociarse y buena lectura del espacio, elementos que no molestan a un equipo que ha batallado por encontrar variantes claras de ataque.
Si comparamos ambos partidos, el de La Bombonera fue claramente superior al de Montevideo. Millonarios no sólo fue más sólido defensivamente, sino que también supo controlar los tiempos del juego y entender mejor los ritmos del rival, algo que no consiguió en el duelo inaugural ante River.
En conclusión, esta pretemporada ha sido un buen termómetro para Hernán Torres y su cuerpo técnico. No todo lo exhibido fue impecable, y hay puntos por mejorar —especialmente en la construcción ofensiva y claridad táctica—, pero hay elementos esperanzadores: refuerzos que suman carácter y talento, arqueros que responden en situaciones clave, y una versión más competitiva cuando el equipo encuentra equilibrio colectivo. El reto ahora será trasladar estas señales a la competencia oficial en la Liga BetPlay y más allá.

